sábado, 16 de abril de 2011

El Antiguo Egipto

Egipto. Don del Nilo.

La importancia del Nilo para su existencia representa también una verdad demasiado cegadora, para que haya que demostrarla. Toda la vida humana, animal y vegetal depende a la vez del agua y del limo que aporta la crecida fluvial. La Unidad del Alto y del Bajo Egipto fue necesaria para vigilar la crecida, organizar y extender la inundación bienhechora. Los egipcios atribuían a Menes, primer soberano de la primera dinastía, la realización de la monarquía unitaria. La Capital fue Menfis, razón por la cual las primeras dinastías se denominaron Menfitas. Durante los imperios Medio y Nuevo la capital será Tebas, y sus dinastías se denominarán Tebanas.
Desde el principio el rey es dios, como expresión literal de una creencia que constituye una de las peculiaridades esenciales de Egipto. Al comienzo era hijo de Amón Ra y luego directamente de Ra. Dios durante toda su vida, continúa siéndolo durante su muerte. “El rey es un dios cuyas acciones hacen vivir”. De hecho, es gracias a su potencia divina que las cosechas son abundantes, porque el dios Nilo, fuente de toda prosperidad, le respeta. Normalmente el hijo mayor sucedía al padre. En momentos de usurpación –que fueron frecuentes- se hace referencia siempre a la voluntad y a la elección de los dioses, lo cual era postulado por la teoría de la filiación divina. También se produjeron intervenciones de oráculos, cuya imparcialidad parece bastante sospechosa.

Funciones del Rey.
Entre sus obligaciones las religiosas ocupan el primer lugar. Es el sacerdote por excelencia, que nombra a otros que en realidad son sus asistentes o suplentes en el culto que debe rendirse todos los días y en todos los lugares.
Otro deber del faraón es, naturalmente, la defensa de Egipto. Respaldado por la situación geográfica del país, la psicología colectiva del antiguo Egipto no refleja menor temor por su seguridad. El faraón organizaba la vigilancia de los desiertos y la policía de sus rutas, hacia los puertos del Mar Rojo, o las regiones de la Nubia y el Sinaí. No hay un gran ejército egipcio. Fuera de las campañas, la administración del ejército parece descuidada, ya que no se recluta ni se entrena a los soldados. Sus dificultades militares son solucionadas a menudo enrolando mercenarios extranjeros, de origen libio, nubio, asiáticos y de otras procedencias incluso griegos. Frecuentemente esto acarreará malas consecuencias, pues el uso de los mercenarios puede conducir a usurpaciones, al menos por parte de los jefes. Ejemplo de ello son las dinastías Libia y nubia que dominaron el país.
Por último el faraón tiene la obligación de asegurar al país una buena administración y estricta justicia. El rey es jefe supremo y el derecho de petición directa está incluso reconocido a los más humildes, encontrándose por ello en condiciones de vigilar a sus funcionarios y de reprimir sus abusos.

Gobierno y administración.
La administración constituía un antecedente fundamental de la civilización egipcia: su relajamiento, su debilidad acarrean al punto la miseria como corolario de la anarquía. Por otro lado el rey era dueño de la tierra de Egipto como de todo lo que vivía sobre ella. “Todo depende del rey y solo del rey”. Es él la sede de la administración central a la cual debe llegar todo.
Tiene ministros que son “su boca, su lengua, sus ojos y sus orejas”. El Visir es el hombre de confianza, una especie de primer ministro al que el rey se limita a dar sus instrucciones generales. Si bien conocemos poco de la composición del resto del equipo que lo ayudaba, sabemos que había funcionarios, escribas, sirvientes, esclavos, su harén de esposas, y un Gran Consejo que era una especie de Comité de altos funcionarios que se los conocía como los once “Jefes de los secretos”.
El funcionario típico era el escriba, hombre instruido, encargado de perfilar y leer la escritura complicada y que, poco a poco, por su inteligencia y cortesanía, podría ir subiendo los escalones de la carrera administrativa. En los sitios que dominaron hubo Virreyes. El fin teórico de esta administración era asegurar, de manera lo más magnífica posible, el culto de los dioses, señores de Egipto.; satisfechos ellos a su vez, aseguraban en compensación la prosperidad y el bienestar colectivos. De ello fácilmente se deduce que la organización religiosa no se puede separar de la administración laica. Los habitantes de Egipto se limitan a realizar, aún en sus actividades privadas, las órdenes que han recibido del faraón.
Se realizan censos con declaración de los jefes de familia, registrándose incluso las ventas, donaciones y herencias. Se imponía a los habitantes un tributo, que generalmente se paga con prestaciones de toda clase para el cuidado de canales, de los diques, de los caminos, para los transportes o las construcciones útiles a los dioses o al Estado. Se extraía también un porcentaje sobre las cabezas de ganado o sobre la producción de las cosechas. Los funcionarios que realizaban estas tareas terminaban en muchos casos convirtiéndose en reyezuelos internos, despóticos que no eran controlados en sus abusos. Con el tiempo, los sacerdotes recibieron donaciones de tierras, no pagaban impuestos, sus cargos eran hereditarios y así se fueron formando noblezas locales que terminaron enfrentando a los soberanos o haciéndose la guerra entre ellos. Esto condujo al desmembramiento y la anarquía.
En cuanto a lo social, se practicaba la esclavitud, que según parece, fueron esencialmente extranjeros: prisioneros de guerra, seres humanos capturados en actos de piratería o pillaje, o personas entregadas como pago del tributo. La parte esencial de la mano de obra sometida al trabajo de las minas y las canteras estaba compuesto por esclavos.

Tipos sociales: el fellah.
Representaba la inmensa mayoría de los habitantes del país. Empleado según las ocasiones, como mano de obra para todo género de trabajos, hay que considerarlo fundamentalmente como campesino. Toda la vida de Egipto y el esplendor de su civilización descansan en el trabajo que el fellah va llevando a cabo con el ritmo de las estaciones, siguiendo la crecida, arrancando a la tierra negra sus espléndidas cosechas.
El campesino fue el siervo en el Imperio Antiguo y en la práctica continuó siéndolo, pues aunque aparece en seguida como jurídicamente libre, era la mano de obra indispensable y sin él la tierra perdía todo su valor. Estaba atado a los campos del faraón o a los templos y se vendía su trabajo con la propiedad que no podía abandonar.
Las imposiciones de tipo contributivo (impuestos) fueron siempre una grave carga. Si no lo hacía en especie (trigo, animales o familiares entregados a la esclavitud) debía hacer con prestaciones personales para el cuidado de los diques o canales. Comparado con el obrero, el artesano, el soldado o el clero, su vida era triste y penosa.

jueves, 14 de abril de 2011

Las magistraturas romanas.

Las magistraturas romanas
Para ser magistrado había que tener por lo menos 28 años para iniciarse en el cargo más bájo que era el de cuestor. A partir de ahí comenzaba lo que se dio en llamar una carrera de honores.
Todas las magistraturas eran electivas y anuales (excepto el censor que duraba 5 años). Los magistrados no recibían una paga por ejercer su cargo.
Además de las Asambleas y el Senado se encontraban:
1-    Los Cónsules (2): ejercían el poder ejecutivo. Manejaban la administración y dirigían al ejército. Además resolvían cuestiones judiciales de última instancia.
2-    Pretores (2): Administraban justicia. Uno lo hacía con los romanos y el otro con los extranjeros.
3-    Censores (2): duraban 5 años. Se ocupaban del censo para el reclutamiento de tropas. Cada ciudadano, declaraba su edad, cantidad de hijos y bienes. Los censores, de acuerdo a esos datos, establecían el tipo de servicio militar que debían prestar. También indagaban la vida particular de las personas y decidían quiénes eran dignos de ocupar cargos públicos. Controlaban la moral y las buenas costumbres públicas.
4-    Tribunos (2): eran magistrados plebeyos, pero luego también los patricios pudieron serlo. Convocaban las Asambleas, proponían proyectos de ley y tenían el derecho de vetar leyes que no favorecieran a los plebeyos. El veto impide que la ley tenga validez, la torna inexistente.
5-    Ediles (2): encargados de aspectos económicos y urbanísticos de las ciudades, como por ejemplo, la construcción de puentes, la vigilancia, los precios de los alimentos y las manufacturas.
6-    Cuestores (2): se encargaban de cuestiones financieras, la cobranza de impuestos, calculaban los gastos de guerra, y se ocupaban de los pagos del Estado, por ejemplo en la construcción de las obras públicas.
7-    Dictador (1): duraba 6 meses y era elegido por los cónsules cuando había situaciones de peligro. Luego de su mandato debía rendir cuentas de lo actuado.

miércoles, 13 de abril de 2011

La Sociedad Romana en la época de la República.

LA SOCIEDAD ROMANA[1]
La población romana está constituida por dos grandes bloques humanos: hombres libres y esclavos. Los hombres libres pueden ser ciudadanos (cives) o extranjeros (peregrini). A estos últimos se les permite residir en Roma, pero carecen de derechos políticos. Los ciudadanos poseen la civitas o ciudadanía, cuyos elementos son:

Derechos políticos
Ius suffragii: derecho de sufragio activo, es decir, derecho a emitir su voto en cuestiones relativas al Estado.
Ius honorum: derecho a ser elegido para ocupar cargos públicos.
Ius provocationis ad populum: derecho de apelar, ante la asamblea del pueblo, contra la sentencia de azotes o muerte dictada por un magistrado.

Derechos civiles
Ius connubii: derecho a contraer matrimonio válido según las leyes romanas.
Ius commercii: derecho a la propiedad y al comercio.
Ius (legis) actionis: posibilidad de hacer valer sus derechos frente a la ley.

Estos derechos pueden adquirirse por nacimiento, por manumisión, por ley o por concesión especial del Estado; asimismo, pueden perderse total o parcialmente. 
        Los ciudadanos se dividían, en un principio, en patricios y plebeyos. Los patricios eran los descendientes de los primitivos romanos, y constituyen la aristocracia de la sangre. Los plebeyos forman la mayoría de la población en Roma, y proceden sobre todo de los pueblos sometidos y de la inmigración; esta masa está separada de los patricios por carecer del ius connubii, pero va conquistando poco a poco, tras largas y tenaces luchas, la igualdad de derechos cívicos, sobre todo debido a la necesidad de su cooperación en el terreno militar. 
       Tras la expulsión de los reyes (509 a. C.), comienzan las luchas sociales entre patricios y plebeyos, con la exigencia de éstos del reconocimiento de sus derechos políticos y civiles. A partir del 302 a. C. la plebe consigue el acceso a todas las magistraturas. 
     Los caballeros u orden ecuestre integró una rica burguesía dedicada a las actividades económicas y judiciales. Como los senadores no podían dedicarse al comercio ni a los negocios, los caballeros se dedicaron al comercio a gran escala, al cobro de impuestos públicos, a contratistas de obras públicas, etc. 
        Otra categoría dentro de los hombres libres la constituían los llamados clientes. Se trataba de ciudadanos libres que voluntariamente se ponían bajo la protección de una persona rica (patronus –patrón-). En los primeros tiempos, la clientela había supuesto una relación íntima y casi sagrada entre patrón y cliente, pero se convirtió durante el imperio en una relación de alquiler: el cliente pasó a ser una figura decorativa, mal pagada y peor tratada, en el séquito de su señor. En el siglo II d. C. hay unos 150.000 clientes en Roma, procedentes de los proletarios[2]
         La inmensa mayoría de la población de Roma puede ser englobada bajo el nombre de tercer estado (plebeyos pobres), y en ella predominaba con mucho, sin duda alguna, el proletariado, cuya existencia giraba en torno al lema panem et circenses. Pero al lado de esta pobreza, había entre las gentes de humilde condición quienes disfrutaban de bienestar y de riqueza.
        Los esclavos eran sólo cosas, no seres humanos. El poder de sus amos sobre ellos era ilimitado, pudiendo incluso darles muerte, si bien en la época de la república su situación se hace más humana. El esclavo carece de bienes personales y no puede contraer matrimonio legal; podían elegir una compañera de esclavitud para celebrar con ella un matrimonio entre esclavos (contubernium). Los esclavos trabajaron en obras públicas, minas, canteras, explotaciones rurales, etc. Al lado de los servi privati estaban también los servi publici, propiedad del estado, que estaban empleados en los servicios públicos, como personal de bomberos, aguas, remeros, ayudantes de sacerdotes y magistrados, etc.
        Los esclavos podían recuperar su libertad (manumisión), bien como recompensa a una buena conducta bien porque el propio esclavo se la compraba a su amo. El esclavo manumitido se denominaba liberto, que goza de derechos limitados y continúa debiendo a su antiguo dueño respeto y fidelidad.
        Las actividades comerciales, como también las artesanales, estaban en su mayor parte en manos de esclavos y libertos, porque los hombres libres, aunque fuesen pobres, consideraban estas profesiones como indignas de ellos.
 La situación de la mujer.
        En Roma, en los primeros tiempos, el pater familias tenía un completo control sobre su esposa y su familia, pero en general la ley romana concedía a la mujer más derechos que la griega. No vivían recluidas en casa y comían con sus esposos; eran libres para abandonar la casa y visitar no sólo tiendas, sino también lugares públicos como teatros y juzgados. Muchas mujeres romanas de clase elevada eran influyentes y tomaban parte activa en los asuntos sobre los que se discutía en sus casas. 
        La mujer romana se casaba generalmente entre los trece y los diecisiete años. Una vez dentro de su casa, la mujer ocupaba una posición bastante independiente, sobre todo en época imperial, cuando se consideró a la mujer como propietaria de los bienes que ella había aportado al matrimonio. Así era lógico que las mujeres empuñasen con frecuencia las riendas de la casa, mandando en ellas más que el marido e incluso sobre él. 


jueves, 31 de marzo de 2011

Este es el mapa del TP 2

Trabajo Práctico nro. 2. Para 2B de Senillosa.

Estimados alumnos: les dejo un resumen de las magistraturas romanas que incluyen al Censor. Por otra lado les adjunto el mapa de la expansión de Roma en Italia.
Tarea: 
1- en un mapa de Italia copial el mapa agregando las fecha  en los que fueron venciendo a los pueblos itálicos, griegos y galos.
Listado cronológico para añadir al mapa:
Italia.
• 338 a.C. Ya habían vencido a los latinos y los incorporan al territorio romano.
•325-304 1ra. Guerra Samnita
• 298-280 2da. Guerra Samnita
• Dominan el sur de Italia.
Colonias Griegas

•Opción: someterse o resistir.
•Tarento se resiste y solicita ayuda a Pirro, rey de Epiro (280 a.C.)
•Pirro gana, pero tiene que abandonar Italia (275 a.C.)

Buena suerte y cualquier comentario o duda lo agregan en el blog. Prof. Marinoni.


Las magistraturas romanas
Para ser magistrado había que tener por lo menos 28 años para iniciarse en el cargo más bájo que era el de cuestor. A partir de ahí comenzaba lo que se dio en llamar una carrera de honores.
Todas las magistraturas eran electivas y anuales (excepto el censor que duraba 5 años). Los magistrados no recibían una paga por ejercer su cargo.
Además de las Asambleas y el Senado se encontraban:
1-    Los Cónsules (2): ejercían el poder ejecutivo. Manejaban la administración y dirigían al ejército. Además resolvían cuestiones judiciales de última instancia.
2-    Pretores (2): Administraban justicia. Uno lo hacía con los romanos y el otro con los extranjeros.
3-    Censores (2): duraban 5 años. Se ocupaban del censo para el reclutamiento de tropas. Cada ciudadano, declaraba su edad, cantidad de hijos y bienes. Los censores, de acuerdo a esos datos, establecían el tipo de servicio militar que debían prestar. También indagaban la vida particular de las personas y decidían quiénes eran dignos de ocupar cargos públicos. Controlaban la moral y las buenas costumbres públicas.
4-    Tribunos (2): eran magistrados plebeyos, pero luego también los patricios pudieron serlo. Convocaban las Asambleas, proponían proyectos de ley y tenían el derecho de vetar leyes que no favorecieran a los plebeyos. El veto impide que la ley tenga validez, la torna inexistente.
5-    Ediles (2): encargados de aspectos económicos y urbanísticos de las ciudades, como por ejemplo, la construcción de puentes, la vigilancia, los precios de los alimentos y las manufacturas.
6-    Cuestores (2): se encargaban de cuestiones financieras, la cobranza de impuestos, calculaban los gastos de guerra, y se ocupaban de los pagos del Estado, por ejemplo en la construcción de las obras públicas.
7-    Dictador (1): duraba 6 meses y era elegido por los cónsules cuando había situaciones de peligro. Luego de su mandato debía rendir cuentas de lo actuado.

viernes, 25 de marzo de 2011

Mario Rapoport y el 24 de marzo de 1976

A partir del golpe de Estado del 24 de marzo 1976 se produjeron profundos cambios en la estructura económica argentina, que terminaron por conformar un nuevo modelo económico basado en la acumulación rentística y financiera, la apertura externa irrestricta, comercial y de capitales, y el disciplinamiento social. La dictadura militar se propuso restablecer la hegemonía del mercado en la asignación de recursos, restringir la participación del Estado y abrir la competencia de los productos nacionales con los extranjeros, aunque ello significara sacrificar la industria local. En una primera etapa, de 1976 a 1978, se implementó un plan de ajuste ortodoxo, con devaluación, liberación de precios, congelamiento de salarios, facilidades para las importaciones, cese de la promoción de exportaciones industriales. En esta cuestión fue de vital importancia la reforma financiera de 1977, que ubicó al sector de las finanzas en una posición hegemónica en términos de absorción y reparto de los recursos. El nuevo Régimen de Entidades Financieras iniciaba un rumbo cuyo norte apuntaba a la liberalización del mercado interno y a una mayor vinculación con los mercados mundiales.
El terrorismo de Estado impidió toda resistencia social a la transformación regresiva de la economía. Las elites agropecuarias, los grandes grupos económicos y financieros locales, y los intermediarios de las finanzas y el comercio internacionales fueron los beneficiarios inmediatos y de largo plazo de estas políticas.
Una segunda etapa comenzó en diciembre de 1978, con la aplicación de la “tablita cambiaria”, que consistía en devaluaciones programadas inferiores a la inflación. Estas apreciaron el peso, agravaron el cierre de las industrias nacionales, imposibilitadas de competir con los productos importados, e impulsaron una gran salida de divisas, a causa de los déficit comerciales y de servicios, como los intereses pagados al capital extranjero y el turismo al exterior. Esos déficit se cubrieron con ingresos de capitales y crearon la enorme deuda externa que ya en 1981 produjo una primera crisis de graves consecuencias por la elevación de las tasas de interés internacionales.
De todas las medidas económicas tomadas en aquella época, el país heredó varias que no han sido hasta ahora modificadas, algunas de las cuales, incluso, se profundizaron en los años ’90. Las dos principales son la Ley de Entidades Financieras Nº 21.526, sancionada en 1977, y la Ley de inversiones extranjeras Nº 21.382, ambas nacidas como decretos de la dictadura militar.
La primera de ellas comenzó a regir desde la aplicación de otra medida que autorizaba al Banco Central a restituir a las entidades financieras la facultad de captar depósitos por cuenta propia y fijar las tasas de interés activas y pasivas, sobre la base de la garantía de los depósitos otorgada a esas entidades. La Ley Nº 21.526 establecía un nuevo régimen según el cual el Banco Central tendría la facultad de superintendencia mientras se valoraba la libre competencia como el medio idóneo para lograr un sistema más eficiente.
Los efectos de estos cambios con la legislación que los profundizó durante el menemismo produjeron localmente el predominio de las finanzas especulativas sobre la producción, en consonancia con la necesidad de los países centrales y las grandes corporaciones de colocar sus superávit de liquidez y obtener mayores rentabilidades aprovechando la diferencias entre las tasas de interés locales y las internacionales.
También, como señala un trabajo reciente del Cefid/ar, dio como resultado una notable extranjerización de los bancos, la concentración de los depósitos en los bancos privados –pero sobre todo en los extranjeros–, un sistema crediticio determinado por el mercado sin ninguna orientación pública, el predominio en la asignación de créditos a corto plazo y la ausencia de préstamos para el desarrollo. Esta ley constituyó sin duda una de las causas principales que provocaron la crisis del 2001 y, aunque los cambios económicos posteriores introdujeron modificaciones regulatorias que morigeraron sus consecuencias, los rasgos estructurales del sistema permanecen incólumes, especialmente la estructura crediticia. Sólo la acción de la banca pública es la que ha permitido suplir en parte estos problemas, pero todavía se hace necesaria una nueva ley que suplante la anterior.
En cuanto a la ley de inversiones extranjeras, produjo una liberalización de la entrada de capitales externos en el país, restringiendo al mínimo las áreas prohibidas para este tipo de inversiones y asegurando un trato igualitario a las inversiones extranjeras y a las nacionales. Esto acentuó el proceso de desindustrialización, porque ese capital no se ubicó en sectores industriales y, además, como la ley no obligaba a la reinversión de utilidades no se tradujo en una radicación local de las ganancias empresariales.
El gobierno de Menem liberalizó aún más esta norma al establecer que los inversores pueden colocar sus capitales sin aprobación previa y repatriar sus utilidades en cualquier momento. Una consecuencia posterior fue la aceptación de la intervención de instituciones internacionales como el Ciadi, que obliga a resolver los conflictos derivados de ese tipo de inversiones en juzgados del exterior, transgrediendo principios cardinales de la política exterior argentina, como las doctrinas Calvo y Drago.
Esta ley debe igualmente modificarse. Para ello existe un proyecto de los diputados Basteiro y Rivas en la cual se establecen nuevas normas regulatorias que restringen, por un lado, la radicación de capital extranjero a áreas claves de la actividad productiva, de los servicios y de la seguridad nacional y, por otro, establecen la necesidad de integrar esas inversiones a un plan estratégico de desarrollo industrial diversificado, priorizando el empleo de personal de nacionalidad argentina y determinando condiciones más estrictas para la repatriación de capitales.
Para culminar, la herencia de la dictadura no termina allí; paradójicamente una de las resoluciones que tomó Martínez de Hoz, porque afectaba sus propios intereses, fue la supresión del impuesto a la herencia, una decisión que ahora acaba de revertirse en parte en la provincia de Buenos Aires.
El país ha avanzado enormemente de un modelo rentístico financiero en lo económico y de exclusión en lo social a un modelo productivo e inclusivo, pero eso no se refleja todavía en el cambio de instituciones creadas durante la dictadura militar, una realidad que hay que reparar con urgencia, porque si las políticas son diferentes la persistencia de la instituciones constituye un palenque donde puede aferrarse de nuevo el fantasma del neoliberalismo.

El Virreinato del Río de la Plata. Breve cronología de sucesos.

El Virreinato del Río de la Plata 1776-1810.
“Desearía, caballeros, que nos hubiesen informado de sus cobardes intenciones de rendir Buenos Aires…de haberlo sabido, nosotras las mujeres nos habríamos levantado unánimente y rechazado a los invasores a pedradas”.

El Virreinato del Río de la Plata.

En enero de 1680 Manuel Lobo, recibiendo órdenes del Rey de Portugal, zarpó de Río de Janeiro y el 22 del mismo mes fundó la Colonia de Sacramento. España protestó por lo que consideraba era territorio español en el Río de la Plata. El objetivo visible de los portugueses era no sólo tomar posesión de la Banda Oriental (hoy Uruguay), sino también establecer frente a Buenos Aires una base o punto de recalada para los buques ingleses (aliados de Portugal) que manejaban el comercio por contrabando. Recordemos que existía prohibición de comerciar con América, y solamente lo podía realizar España.
En la desesperación por recuperar la costa uruguaya y evitar el contrabando, España en 1750 firma el Tratado de Permuta, por el cual Portugal devolvía la Colonia y España le entregaba las Misiones Jesuíticas a estos. Incluso hubo una guerra, que fue una matanza, contra los jesuitas y los indios guaraníes que no querían ser despojados de su territorio. Las misiones se entregaron pero Portugal, con distintas excusas dilató la entrega de la Colonia. El Gobernador de Buenos Aires Pedro de Cevallos, la recupera por la fuerza en 1761, pero debe devolverla, luego de que España la volviera a ceder en el Tratado de París de 1763.
El 31 de enero de 1761 Luis de Bougainville, nacido en Saint Maló, toma a nombre del rey de Francia las Islas Malvinas, fundando Puerto Luis (donde actualmente se encuentra Puerto Argentino). Las Malvinas pertenecían a España, que las había descubierton en el año 1520. España protestó contra Francia y su rey reconoce el derecho de soberanía español sobre las islas. El Gobernador de Buenos Aires, Felipe Ruiz Puente, zarpa para Malvinas en 1767.
Pero por la misma época en que Bougainville funda Puerto Luis, Los ingleses al mando del Almirante John Byron, funda el 11 de enero de 1765, en la Malvina Occidental Puerto Egmont, tomando posesión para Inglaterra. Nuevamente España protesta, pero al no ser reconocida, decide el 10 de junio de 1770, recuperar las Islas por la fuerza. Los ingleses se rinden. Los ingleses humillados, querían ir a la guerra, la cual es detenida, devolviéndoles Puerto Egmont, con la promesa de que la abandonarán. La promesa nunca fue escrita, fue de palabra, pero Inglaterra el 20 de mayo de 1774 la cumple. No volverá hasta 1833, cuando las usurpan por la fuerza hasta el día de hoy.
Todos estos hechos demostraban la necesidad de contar en el sur de América una unidad política, económica y militar fuerte, grande y que tuviera la suficiente fuerza para que tanto los ingleses como los portugueses no se apoderaran de ella. Se crea así el Virreinato del Río de la Plata, con Capital en Buenos Aires y con su primer Virrey Don Pedro de Ceballos.
En junio de 1806, Inglaterra, que busca apoderarse de puertos y ciudades que les sirvan para vender sus productos y comerciar, decide apoderarse de la Ciudad de Buenos Aires. La ciudad se rinde, luego que el Virrey Sobremonte escapara con los caudales (el oro) de la ciudad. Eran 5000 ingleses que inmediatamente tomaron la ciudad pidieron refuerzos a Londres. El 12 de agosto de 1806 van a ser expulsados, con la ayuda de toda la población, al mando de Martín de Alzaga y del General Santiago de Liniers. El Virrey brillaba por su ausencia. Cuando aparece en enero de 1807 con los refuerzos, es destituído por el Cabildo Abierto de Buenos Aires, que nombra a Liniers como Virrey Interino. La segunda invasión ya eran 10.000 los soldados ingleses que atacan Buenos Aires, la cual es defendida los días 5, 6 y 7 de julio de 1807. Inglaterra cambiará la forma de actuar con Buenos Aires.

“América del Sur nunca sera conquistada por Inglaterra”.

“Quien basándose en los sentimientos de la gran masa del pueblo espere ayuda de ella para sus propósitos, no conoce al pueblo de Buenos Aires. Debe asegurársele que el objeto de Gran Bretaña es darles independencia; aunque están decididamente inclinados a liberarse del yugo de España, son aún más hostiles a aceptar a el de cualquier otra nación; al conquistarlos ataríamos una piedra alrededor de nuestros cuellos” Gral. Whitelocke, 1807.
“Debemos actuar de manera acorde con los sentimientos y los intereses del pueblo sudamericano...debemos abandonar la esperanza de conquistar esta extensa región contra el temperamento de su población...si nosotros nos acercamos a ellos como comerciantes y no como enemigos, podríamos dar energía a sus impulsos locales y conseguiríamos abrogar las prohibiciones contra nuestro comercio. Que es nuestro gran interés”. Mtro. Castlereagh.